La juventud y el desempleo

Por Leonardo Ramos Badillo (UJS-MST Río Piedras)

img_00000414_copy
La crisis económica de Puerto Rico ha afectado el futuro de la vida de muchos jóvenes en esta isla. El desempleo y la juventud se han vuelto hermanos siameses, no se han podido despegar del uno del otro, gracias a la crisis capitalista de nuestros días. Una crisis que nos afecta a todos, aunque obviamente a unos sectores mas que a otros. La pregunta es: ¿por qué la juventud se ve más afectada? ¿cuán profunda es el efecto del desempleo en esta juventud?

Ser joven, desempleado en busca de empleo, es un crimen abominable en la naturaleza de este sistema económico en el cual vivimos. Una de las grandes paradojas del sistema la viven los jóvenes y explico:
Para conseguir trabajo, mayormente necesitas experiencia, pues si no, tienes experiencia para conseguir trabajo o necesitas “pala” para poder conseguir el trabajo. Requisito de conseguir el trabajo es cuarto año. Si el joven no lo tiene, menores son las esperanzas de conseguir trabajo. La realidad de aquellos que no tienen cuarto año, es tratar de conseguir algún trabajo a salario mínimo o por debajo del mínimo. Y si quieren progresar económicamente tendrán que tener varios trabajos mínimos para completar lo necesario para vivir y muchos están obligados a buscar ayudas federales para empatar la pelea. (Esto sin tomar en cuenta la juventud que tenga hijos.)

Si tienes el cuarto año, te sugieren que estudies un grado post secundario, para así ser una persona de provecho y conseguir un mejor trabajo del cual estabas solicitando; que no te lo dieron por no tener experiencia. Pues cuando sigues con la idea de tomar el camino de los estudios post secundarios, la realidad te choca otra vez que esos estudios no son gratuitos y que hay que pagar, pues aquí entran las becas y los préstamos. Muchas veces los jóvenes terminan usando las dos. El problema es que en la realidad la beca no cubrirá los gastos de estudios del estudiante en su totalidad. Si tiene suerte cubrirá su matrícula y le sobrará, pero entre libros y renta de hospedaje, ese sobrante no ayuda mucho. Y conciente de que la institución de estudios sea pública. El caso de los estudiantes de las instituciones privadas, es uno más precario debido que la mayoría de las veces el estudiante usa la beca completa y préstamos para poder terminar sus estudios. Lo peor de todo es que muchos de estos jóvenes estudiantes terminan con deudas y cuando salen a buscar trabajo, no lo consiguen porque -adivinaron- no tienen experiencia y cuando se resignan a buscar aquel trabajo que no tenía requisitos de estudio, tampoco lo consiguen porque están “sobre cualificados” ¿Alguien puede explicarme esta paradoja?

Otra de las decisiones tomadas por la juventud gracias a las realidades económicas a las que nos enfrentamos, son hacer actividades ilícitas para empatar la pelea y la mayoría de estos jóvenes terminan presos o muertos. O la otra decisión llevada por muchos jóvenes por la misma necesidad económica es entrar al servicio militar donde también tienen posibilidades de terminar muertos o heridos física o psicológicamente.

Sí, estas son las realidades que nos tocó vivir a la juventud de este País, resignarnos, quedarnos positivos antes las esperanzas de algún nuevo jefe de gobierno que lo cambie todo, creer en falsas promesas de cada cuatro años. Negarnos la posibilidad de cambio, por miedo a ser señalados de locos o violentos. Condenarnos al silencio por miedo a la verdad. Aceptar atropellos por miedo a luchar. Pero la realidad es que somos los jóvenes el futuro que no tiene futuro. Somos los que despertamos en el medio de la noche porque el amanecer se quedó en la eternidad. Este es un llamado a la juventud, que está dispuesta a luchar, para darle vida a su futuro y devolver amaneceres a aquellos que quieren despertar.

Este 2 de septiembre de 2013 en el Departamento del Trabajo, habrá una manifestación del Día del Desempleo. Hagamos que ese día se recuerde como el día que la juventud luchó por recuperar su futuro.

Invita el Movimiento de Socialista de Rrabajadores (o en este caso, Movimiento de Socialistas Desempleados).

Reflexión política ante la eliminación de la Cuota

Francisco Fortuño Bernier (UJS-MST)

En su discurso durante la ocupación del Parque Zuccotti en Wall Street, Nueva York, el filósofo esloveno Slavoj Zizek expresó ante los presentes el temor que le daba lo que ocurriría el día después de finalizada la ocupación:

“Lo único que temo es que un día nos iremos todos a casa y, luego, pasaremos a encontrarnos una vez al año para beber cervezas y recordar nostálgicamente “que bien lo pasamos aquí”. Prométanse ustedes mismos que esto no ocurrirá. Sabemos que las personas muchas veces desean algo, pero realmente no lo quieren. No tengan miedo de verdaderamente querer lo que desean.”[1]

Sus palabras recuerdan directamente a las de un líder estudiantil puertorriqueño, que poco antes de la famosa huelga de 1981-82 escribiera en un artículo que debería de ser un clásico conocido de todo militante estudiantil. En “Universidad y lucha estudiantil: apuntes críticos”, Roberto Alejandro Rivera, entonces líder de la UJS-MST, advertía sobre el terrible destino que aquejaba recurrentemente a decenas de militantes estudiantiles que:

“participan activa y honestamente en todas las tareas posibles; piquetean, muralan, hasta llegan a militantes “estrellas” o “vanguardia” y se convierten en unos buenos atletas políticos. Pero, atletas al fin, cuando se cansan, tienen hijos, se enfrentan a nuevas responsabilidades en el plano personal, transforman su visión de las cosas, sí, porque, usted sabe “no es lo mismo estar en un vestíbulo que estar en la calle,” etc.; en fin, que la cotidianeidad los domestica. Pasan a ser independentistas de efemérides: el Grito de Lares, el Primero de Mayo, etc., o independentistas de colectas; de esos que ven un militante en una luz, “coopere con la lucha de Vieques” o “contra la represión” o “por la defensa de los recursos naturales”, etc., y un vago recuerdo los invade, el recuerdo de que ellos, en alguna ocasión también colectaron y enseguida se emocionan, se acuerdan que son independentistas (aunque ni el jefe -¡Dios libre!- ni la mujer, ni nadie lo sepa) y sacan dinero y lo echan y levantan el puño derecho, pues ya se les olvidó que es el izquierdo y le gritan al militante: “¡Pa´ lante, compañero!” y arrancan en su Volvo o en su Fiat del año a proseguir la cómoda rutina de los cooptados.”[2]

El movimiento estudiantil que desarrolló, protagonizó (e incluso sufrió) los procesos huelgarios en el año 2010-2011 se encuentra hoy, a pocos días de cumplirse tres años de comenzada la primera huelga en abril, ante una situación donde estos miedos adquieren una realidad material. De los cientos de estudiantes que participamos de aquel movimiento muy pocos quedan en la Universidad. La mayoría, han pasado y continuado con sus vidas, sin lugar a dudas hoy más conscientes que antes sobre los problemas que aquejan al país, sus causas y, sobre todo, las acciones concretas que se pueden tomar para combatir esa realidad. Sin embargo, el desperdigamiento y la atomización, junto con los vaivenes contradictorios de los movimientos sociales y la política en Puerto Rico, impiden desafortunadamente que todos los frutos de aquel movimiento francamente espectacular y masivo contribuyan a resolver la situación nacional y elevar la resistencia.

Uno de los elementos más negativos dentro de esta situación precaria es la falta de un análisis de lo que ocurrió en la UPR de 2009 al presente. El vacío de reflexión política sobre ese movimiento, que involucró a miles de estudiantes a nivel nacional en una lucha férrea contra el Gobierno,  será un obstáculo en el desarrollo de futuros procesos de lucha. Esa laguna de observación crítica enfocada en superar, para continuar resistiendo y construyendo, tiene que ser eliminada. Este ensayo, comenzado poco después del anuncio de que finalmente (y eventualmente) será eliminada la Cuota de Estabilización Fiscal, que sirvió de causa directa del segundo proceso de huelga, es un intento, en sí mismo insuficiente, de comenzar el debate que logrará suplir esta carencia perniciosa.

La imposición de la Cuota nunca fue una necesidad fiscal, sino un capricho político táctico. En el cálculo del enfrentamiento huelgario, la dirección de la Universidad y el Gobierno vieron su aplicación por la fuerza como un golpe vengativo que les permitiría decir que le “ganaron” la huelga a los estudiantes. No se puede olvidar que la Cuota surgió como issue en medio de la negociación, durante la primera huelga. Eso no quiere decir que un alza de matrícula no fuera una probabilidad real y un peligro evidente –todavía lo es– sino que ese alza específico fue ideado como píldora venenosa.

Al plantear la Cuota, la Junta de Síndicos esperaba hacer imposible un acuerdo que pusiera fin a las negociaciones sobre la eliminación de las exenciones de matrícula. De esa forma, se aseguraban darle un golpe al movimiento estudiantil – que quedaría derrotado al no poder sostener infinitamente una huelga ante la intransigencia del Gobierno– e imponer el ajuste neoliberal en la Universidad.

Uno de los planteamientos más importantes que se hizo al final de la primera huelga fue precisamente que había que resistir la tentación de la inmediatez. Si en junio el estudiantado hubiera rechazado los acuerdos reclamando inmediatamente que la Cuota nunca fuera impuesta, las consecuencias hubieran sido nefastas: se habría perdido todo lo que se había negociado hasta entonces –que era básicamente todo lo que se había reclamado al principio de la huelga y más– y se habrían sacrificado las posibilidades de mantener en pie de lucha el movimiento por la defensa de la educación pública.

Por eso, aunque la lucha contra la Cuota nació en una maniobra táctica del movimiento –evitar que la Junta de Síndicos decidiera si se podía ganar la huelga o no– siempre estuvo planteada de forma estratégica. Había que pensar en la forma en que se podría derrotar la Cuota como un objetivo de mediano plazo. El semestre de agosto a diciembre de 2010 fue un semestre donde la tarea del movimiento era construir el proceso de lucha que lograría evitar que la Cuota fuera impuesta. Ese proceso de construcción fue sumamente contradictorio, pues el movimiento estudiantil se enfrentaba a dos tendencias antagónicas, pero ambas negativas para el movimiento en su conjunto.

Aunque ambas tendencia compartían (aunque nunca lo aceptaran) en el fondo el convencimiento de que eliminar la Cuota era imposible, diferían en la actitud y análisis que llevaba a esa posición. De un lado, un sector operó desde el principio asumiendo que si bien levantar la primera huelga no fue un error decisivo, el único objetivo del accionar estudiantil era regresar lo antes posible y a como diera lugar a la huelga. Ese sector operó desde un punto de vista vanguardista y fatalista. Su posición se asumía por una falta de confianza en un elemento crucial: la capacidad del proceso de lucha para masificarse más allá de los militantes más militantes, aquellos y aquellas que luego llevaríamos orgullosamente el título de “huelguista”.

La razón estratégica principal para haber levantado la huelga en junio era darle tiempo al movimiento para hacer contacto con su base, el estudiantado, y generar el apoyo necesario para motorizar un segundo proceso. Sin embargo, este sector del vanguardismo-fatalista negó con su práctica la posibilidad de hacer esto: nunca reconoció la existencia de una barrera difícil de franquear entre el estudiantado en general y los sectores organizados del movimiento. Por eso rechazaron el referéndum contra la Cuota, una oportunidad de oro para estrechar lazos y convencer a más gente de la necesidad de la huelga; por eso fallaron en entender que la huelga no tenía que esperar porque fuese el “último recurso”, sino porque había que ganarla primero en las mentes de quienes la apoyarían para luego enfrentarla férreamente contra el gobierno, que esta vez no perdonaría nuestra rebeldía.

El segundo sector al que me refiero partió de un punto de vista distinto. Para este grupo el problema no era que la segunda huelga era más necesaria que la primera, sino que tenía que ser evitada. El momento crucial de la definición de este sector como opuesto a desarrollar un segundo proceso fue la renuncia de Arturo Ríos Escribano a la presidencia del Consejo General de Estudiantes de Río Piedras. Ese evento demostró que algo había cambiado y socavó la base de apoyo del movimiento estudiantil, al quitar de la dirección del mismo a uno de los líderes que hacía posible la acción conjunta entre los sectores más y menos radicales del movimiento.

Ese segundo sector operó a partir de la premisa de que una segunda huelga “estaba de más” y “era ir demasiado lejos”, pues no era un proceso aceptable a la oposición oficial. Entre una huelga y otra perdieron entusiasmo y empezaron a pedir a gritos tomar las cosas con calma. Como todo el movimiento, este sector sabía que para poder presionar al gobierno, un segundo proceso tendría necesariamente que ser mucho más radical. Lo que los distinguía era que no estaban dispuestos a ese radicalismo. Su accionar había pasado a ser definido no por las necesidades de la lucha estudiantil y universitaria, sino por el mismo cálculo político que mató a la mayoría del movimiento obrero a partir de octubre de 2009: la espera ilusa de la llegada de noviembre 2012 y la apuesta al triunfo mesiánico del PPD.

El momento donde se comprobó que el camino que proponían era un callejón sin salida para la lucha fue penoso. No debería de alegrar a nadie recordar como culminaron las gestiones de dos reconocidos líderes de este segundo sector durante las navidades de 2011: el retiro de la Fuerza de Choque del Recinto de Río Piedras dio paso inmediatamente después al periodo de mayor represión y violencia de todo el proceso.

[Un paréntesis necesario: dado que la historia de las huelgas estudiantiles de 2010 aún no ha sido escrita, cuando lo sea habrá que cuidarse de la apología de los que en ese momento crucial decidieron abandonar la protesta y cultivar en vez su pedigrí en el mundo electoral. Dirán que si ellos no hubieran prestado su voz y apoyo al PPD, la Cuota nunca hubiese sido eliminada. Su racionalización es que antes que dejar que la soberbia del fanático los inmovilizara, prefirieron el anonimato del asesor que se acerca al hombre que realmente tiene el poder y le sugiere al oído, en el susurro del cómplice subordinado, que lleve acabo un acto de benevolencia.

Ante el anuncio de la eliminación de la Cuota, sienten que al fin su conciencia se alivia: “la historia nos ha absuelto, dicen, fue justo y necesario apoyar al PPD”. Así, continúan con la misma forma de pensar que nos estancó antes. Y es que aunque hubo un vanguardismo pernicioso durante el periodo, el obstáculo mayor nunca fue la imaginación desenfrenada de los radicales, sino la predisposición patológica a la sumisión de los que desde antes del primer día querían transar por cualquier cosa excepto luchar.

Que conste que este planteamiento no es un intento de quitarle mérito a quien lo merece: esta victoria se fraguó gracias al esfuerzo de miles de estudiantes y no estudiantes que comprometieron, a diversos niveles, tiempo y recursos de todo tipo a la lucha por la Universidad. Sobre todo, pensar en esos dos años turbulentos entre la elección de Luis Fortuño y el final de la segunda huelga es  considerar un recorrido de sacrificios que para muchos de sus protagonistas significó un arrojo que no se habían imaginado estar dispuestos a dar, pues muchos un año o dos antes, quizá incluso hacía seis meses, eran estudiantes de escuela superior, más preocupados por fiestas de graduación que por el futuro del país. Entre esos miles siempre hubo de ideologías diversas y está claro que de entre su práctica colectiva ha salido de la UPR una generación más radical, con una experiencia de lucha que todavía no ha revelado como sorprenderá. Por lo tanto, cierro el paréntesis con un llamado a no conformarnos con los límites del posibilismo y a soñar sueños con serpientes.]

Entre el movimiento estudiantil, la comunidad universitaria y muchas personas que vivieron y vieron el proceso de lucha que enfrentó al estudiantado con el gobierno de Luis Fortuño, el debate sobre que significó cada proceso de huelga no es raro. Demás está decir que no sobran las justificaciones grandilocuentes de la superioridad creativa y moral del primer proceso sobre el segundo, reducido a un pataleteo violento e insostenible de un puñado de grupúsculos inconformes.

Y sin embargo, cuando durante su campaña para gobernador Alejandro García Padilla usó imágenes de la lucha estudiantil para ganar apoyo, los anuncios no presentaban las flores de la ocupación de abril, sino los macanazos y gases lacrimógenos de las jornadas de diciembre. Fue recordándole al pueblo los golpes de la Fuerza de Choque que García Padilla prometió eliminar la Cuota. Ese detalle no puede dejarse pasar si se quiere entender la magnitud de lo que ha ocurrido y la importancia de lo que se hizo en el pasado.

La segunda huelga fue la excepción. Ese proceso fue el elemento raro y distintivo de nuestro movimiento estudiantil. Decir esto no le quita nada de mérito al proceso que se desarrollo de abril a junio, principalmente porque el proceso de diciembre hubiera sido imposible sin esa primera huelga. Ahora bien, si un par de semanas antes de comenzar el proceso de abril, se le preguntaba al puñado de militantes ya convencidos de que sería necesaria una huelga para defender la UPR, la sugerencia de una segunda les hubiera parecido una locura. Esa segunda huelga, patito feo de los procesos de lucha reciente, fue el elemento que estremeció el sistema político.

La medida inmediata del estremecimiento provocado por la segunda huelga es la violencia de la respuesta del Gobierno. La intolerancia de la administración Fortuño había sido presagiada por el ataque a la manifestación en el Capitolio el 30 de junio de 2010.  Antes de que se levantará la huelga, el despliegue pseudo-militar de la policía para ocupar la UPR –comenzando por la ridícula noticia de que el primer día se habían posicionado francotiradores del SWAT en la Torre de la Universidad– demostraría la desesperación del Gobierno por evitar que la huelga progresara, aunque eso requiriera echar al zafacón de una vez y por todas la triste “política de no-confrontación”. Pero el estudiantado en lucha no recibió la represión como el regaño de un padre celoso, sino que le enfrentó toda su  creatividad y rebeldía. Contestó y resistió, demostrando así que estaba dispuesto a defender con determinación el derecho del pueblo pobre y trabajador a la educación universitaria.

Desafortunadamente, aunque la represión tiene muchas veces como consecuencia el incremento del apoyo y legitimidad de un movimiento de lucha –al reconocerse la injusticia del ataque frente a la justicia de los reclamos– también logra con facilidad el efecto que persigue: intimidar y desarticular un movimiento. En cierta medida, ese fue el caso de la segunda huelga. Contribuyó al fin del proceso otro de los efectos de la represión: el desplazamiento de la consigna principal “No a la Cuota” por el grito desesperado de “Fuera la Policía”. Eso fue lo que llevó a la APPU y la HEEND a firmar con José Ramón de la Torre –terminando así, con su único acto de decencia, su presidencia– el acuerdo para sacar la policía sin poner sobre la mesa los asuntos medulares que mantenían la huelga en pie.

La situación en la que quedo el movimiento estudiantil al levantarse el proceso fue precaria; se sumió en la frustración y no se pudo plantear las tareas de reconstrucción necesarias. Si antes había sido difícil entender que hacía falta un contacto directo con el estudiantado, ahora el título de “huelguista” impedía ir más allá del estrecho círculo de militantes que vio el proceso terminar.

Y sin embargo, a la larga, el triunfo.[3]

Una victoria estratégica no es un triunfo dulce que se conmemora con celebraciones carnavalescas en las calles. Una victoria estratégica es una victoria que se sufre. La eliminación de la Cuota de Estabilización Fiscal es un triunfo del movimiento estudiantil, de eso no puede quedar duda alguna. Sin embargo, el estudiantado que combatió por esta victoria la experimenta de una forma extraña: luego de años de haber sido calificado de fracasados y locos, la reivindicación llega agridulce.

Incluso, se hace un poco más agria cuando se pone en duda exactamente a quien le pertenece la victoria. Este triunfo no fue una dádiva ni un regalo. Se equivoca quien piense que se trata de un acto de generosidad de un magnánimo gobernador, reconstructor de la nación y aliado de la Universidad. La eliminación de la Cuota de Estabilización Fiscal sería un evento casi inconcebible si no hubiera sido por la lucha estudiantil. Y dentro de la lucha estudiantil, si no hubiera sido específicamente por un evento crucial: la vilipendiada huelga de diciembre de 2010.

Se hace aún más agria si se reconoce que aunque fue importante el valor acumulado de cada granito de arena puesto por la lucha, hubo personas cruciales que pusieron mucho más. En toda lucha hay grados de compromiso; la nuestra no fue excepción. Y de la misma manera que hay grados de entrega, la represión que nos afectó a todos los que participamos, que hizo sufrir a nuestros familiares y amigos al ver por televisión a los criminales  de la Fuerza de Choque atacarnos, también tocó en grados distintos.

Para un sector considerable de la militancia estudiantil, terminar sus estudios fue posible. Sin embargo, el impacto de la Cuota fue decisivo para muchos otros que tuvieron que poner en espera sus estudios e ir a trabajar, con la esperanza de un día volver al salón y poder pagar su educación. Ellos y ellas tienen que regresar: son parte de los casi 10,000 estudiantes que quedaron fuera, a los que cada año que existió la Cuota se le sumaron miles más que ni siquiera consideraron solicitar porque sabían que sus familias no podrían costear la odiosa Cuota. Eso sin contar quienes nunca han considerado una educación universitaria pues se les ha martillado con todo el peso de la cultura dominante una falsa inferioridad innata.

Ahora, existe un grupo para el que comprometerse con la lucha significó un sacrificio verdadero. Hasta el día de hoy quedan compañeros expulsados por haberse parado y defendido el derecho del pueblo a estudiar. Su ausencia es intolerable. La tarea inconclusa de nuestras jornadas de lucha, la carencia principal del reclamo de reforma, el elemento ausente del discurso del gobernador “aliado”, es procurar el regreso de aquellos que sacrificaron su posibilidad de estudiar por la posibilidad de que otros pudieran hacerlo. Su vuelta a los salones es un reclamo justo que no debería permitirle a nadie descansar con consciencia tranquila, incluso ahora cuando al fin se materializa la desaparición de aquella odiosa Cuota.


[1] Slavoj Zizek, “Intervención en Occupy Wall Street” transcripción del discurso, en inglés, disponible en: http://criticallegalthinking.com/2011/10/11/zizek-in-wall-street-transcript/

[2] Roberto Alejandro Rivera, “Universidad y lucha estudiantil: apuntes críticos”, Revista Pensamiento Crítico, año II, Núm 19 (mayo-junio 1980). Disponible junto con otros documentos sobre la historia de la UJS-MST en: http://www.scribd.com/doc/40615964/Documentos-Historia-UJS-MST-Vol-I

[3] Me temo que esta afirmación de la “victoria” no se puede hacer sin cualificar o cuestionar: cada vez que se menciona la “victoria” o el “triunfo” en el contexto de una lucha social, estos términos se deben tomar con precaución. ¿En qué medida la identificación repetitiva del resultado de la primera huelga en el 2010 como una “victoria para la historia” contribuyó al desarrollo truncado del segundo proceso? ¿Cuán beneficioso para un proceso de lucha es hablar de “victoria” si la consecuencia práctica de lo logrado es la desmovilización o el conformismo con haber obtenido una reivindicación estrecha, sectorial e inmediata? Estas preguntas son neurálgicas y merecen mayor espacio que el disponible.

Marcha en Mayagüez contra corrupción con fondos NSF [Fotos y Boletín]

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Durante la tarde de hoy, cientos de estudiantes la UPR en Mayagüez marcharon contra actos de corrupción de la Administración UPR con fondos de la Fundación Nacional para la Ciencia de los Estados Unidos (National Science Foundation). Se exigió tambien la renuncia de los responsables y de Miguel Munoz, presidente de la UPR.

Compartimos además el boletín más reciente de la UJS-MST en Mayagüez donde explica y describe la crítica situación actual con los fondos de investigación.

Igualmente, esta noche la UJS-MST llevará acabo un foro en el Colegio sobre la posición de los socialistas en cuanto a la controversia, títulado “La posición socialista sobre la NSF”. El foro se llevará a cabo a las 7:00pm en el salón CH 123.

Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/470804192983758/

Las razones de un paro: el estudiantado ante la privatización y la austeridad

Daniel Quiñones Zambrana (UJS-MST)

578136_536386239728522_1530674497_nA raíz del anuncio público de la UJS-MST sobre la propuesta de un paro de 24 horas en la próxima Asamblea General, este miércoles, han surgido cuestionamientos y preocupaciones, muchas de las cuales no carecen de validez e importancia. Esto demuestra, entre otras cosas, la importancia de espacios de debate y de compartir perspectivas más allá de “facebook” y de llevar acabo asambleas cada semestre. De cara a la Asamblea, intentaré atender, algunos de estos cuestionamientos y exponer por qué, el objetivo de la aprobación de un paro de 24 horas es de vital importancia en este contexto de lucha estudiantil y nacional.

Contexto nacional para un Paro en la UPR

A nivel nacional, Alejandro García Padilla esta demostrando que, más allá de la demagogia y el discurso, representa más de lo mismo. Independientemente de quien esté en su gabinete, él y su partido cuentan con las limitaciones que cuenta cualquier entidad política que pretende trabajar dentro de los esquemas permitidos en el marco del capitalismo –como el sometimiento a los intereses bonistas y de corporaciones privadas–  y, en el caso de PR, en el de una colonia capitalista. En la práctica, las medidas aprobadas por AGP no distancian mucho de la “medicina amarga” y otras políticas de Luis Fortuño Burset.

Como ejemplo de esto tenemos el visto bueno a la privatización del aeropuerto, el ataque al sistema de retiros, la negativa a expresarse sobre el asunto de la cuota hasta que la comunidad estudiantil ejerciera presión, la negativa a expresarse sobre los estudiantes que aún siguen expulsados, la negativa a expresarse sobre su promesa de campaña de devolver el dinero de la cuota a los estudiantes que incurrieran en el gasto, la ambigüedad e inacción en cuanto a la “Ley Tito Kayak” y la activación de la guardia nacional para “combatir el crimen”, entre otros. En resumen, podemos concluir que nos espera un panorama igual o peor al de los pasados 4 años de LFB, ya que, como dicen algunos: “no es un asunto de partidos”, sino del sistema al que representan. Irónicamente, este panorama presenta un terreno sumamente fértil para el trabajo de organización y militancia con un contenido radical que cuestione abiertamente el sistema desde sus cimientos. En menos de dos meses, AGP ha recibido decenas de movilizaciones y protestas, incluyendo una exitosa paralización del aeropuerto.

En el contexto universitario, por otro lado, hablar de “reflujo” ya se convierte en un análisis insuficiente que corre el peligro de dejar fuera elementos importantes. El relevo generacional se impuso. Aquellos y aquellas que entran a los salones para algo más que tomar clases, pueden verlo claramente, en los espacios comunes de la universidad, en las asambleas e, incluso, dentro de las distintas organizaciones.

179244_541563655877447_906074573_nA pesar de que cada vez somos menos los que quedamos de la “generación” que participó del proceso de construcción y desarrollo de los pasados procesos de lucha, hoy hay toda una generación de estudiantes de primero y segundo año que esta sumamente ávida de luchar. Se trata de estudiantes que tomaron la decisión de estudiar en la UPR en un contexto de alta polarización social, en el cual se enseñaban imágenes de brutalidad policíaca, de capuchas, piedras, barricadas, palos, macanas, pepper y gases en la televisión y la prensa todos los días. Ante nosotros la tarea fundamental es construir y organizar un movimiento estudiantil capaz de resistir y contrarrestar la ofensiva capitalista que sufre todo el sistema de educación. Para esto es necesario que esta construcción se dé sobre bases ideológicas y políticas que den fuerza y coherencia a dicho movimiento, y que le permitan, más allá de “defender” la universidad, atacar sus cimientos capitalistas y coloniales, deformados por el embate neoliberal, junto con el sistema que representa, para transformar no solo la institución, sino también su entorno.

Entonces, ¿por qué un paro? ¿Para qué?

Contrario a lo que algunos piensan, las coyunturas nacionales suelen ser, históricamente, detonantes de importantes procesos de movilización y organización entre el estudiantado. De la misma manera, los y las estudiantes universitarios sí son agentes determinantes en la política nacional. Los primeros meses de AGP se han caracterizado por una serie de movilizaciones y protestas en contra de medidas de privatización y desmantelamientos de servicios públicos, en este contexto los estudiantes de la UPR no podemos ser la excepción.

La fuerza, tanto para movilizar como para ejercer presión con nuestra movilización esta ahí, tenemos que asumirla. El paro de 24 horas, en contra de las medidas de privatización del aeropuerto LMM y en contra del ataque al sistema de retiros, que se llevaría a cabo el próximo miercoles 13 de marzo, tendría, principalmente, los siguientes objetivos:

  • Organización y movilización: Como norte de cualquier debate en este contexto en la universidad debe estar este objetivo. La experiencia histórica y reciente nos demuestra que organizar en el abstracto, a raíz de debates –por más interesantes que sean– es prácticamente imposible. Esos debates tienen que ser concretizados con movilizaciones y acciones que los hagan pertinentes en la realidad, a la vez que someten nuestras teorías e ideas a la más cruda evaluación. Un paro, por su naturaleza, impone una polarización y unos cuestionamientos de la sociedad sobre quienes participan en el. Además, permite el acercamiento de personas nuevas que le vean pertinencia a la lucha, mientras que consolida este acercamiento con tareas de organización, movilización y militancia.
  • Ejercer presión: El hecho de que, en menos de dos meses, diversos sectores se hayan lanzado a la calle a luchar contra medidas del mal-llamado “gobierno de alianzas” no es cualquier cosa El sistema pasa por una crisis económica, política y social que le dificulta más que antes adquirir legitimidad, incluso con toda la maquinaria y estructura electoral presente en PR. Hoy más que nunca es el momento de lanzarse a la calle en busca de conquistas y reivindicaciones que este gobierno de los ricos jamás nos va a regalar por su propia cuenta.
  • Solidaridad: El estrechar vínculos de solidaridad con otros sectores en lucha en Puerto Rico es de suma importancia. Estamos hablando de trabajadores y trabajadoras, muchos de los cuales nos han dado apoyo en nuestras pasadas luchas, muchos de los cuales son nuestros familiares, que están en riesgo de perder sus empleos, parte substancial de sus pensiones y, con ellos, su derecho a una vida digna. Los problemas a los que estos sectores se enfrentan, tienen como raíz los mismos males que nos esperan a la vuelta de la esquina en la Universidad: un gobierno que vela por los bonistas, las corporaciones, los ricos y los intereses político-partidistas.

aeropuerto ujs-01Es importante que rompamos con la visión, lamentablemente presente en muchos compañeros y compañeras estudiantes, de que la Universidad es una burbuja aislada del resto de la sociedad. Para una lucha que busque transformar la universidad es imposible la victoria si no se dirige también al sistema y las clases que la controlan. La privatización del aeropuerto, el ataque al sistema de retiros y a derechos adquiridos, están a un paso de la privatización, el desmantelamiento y la perdida de nuestros pocos derechos restantes en la UPR.

La única forma de asumir la ofensiva contra el gobierno y parar de “siempre reaccionar” es con la construcción de un movimiento que no tenga miedo de llamarse a sí mismo político y revolucionario sin ceder nunca ante el chantaje de los que imponen el esquema de la política tradicional, esos que, en la medida en que se profundiza las crisis contra el gobierno y el capitalismo, dejan ver sus verdaderos colores.

 

UJS-MST propondrá paro contra privatización en Asamblea General

IMG_1962Unión de Juventudes Socialistas

Movimiento Socialista de Trabajadores 

Lunes, 4 de marzo de 2013 

Río Piedras- La Unión de Juventudes Socialistas del Movimiento Socialista de Trabajadores (UJS-MST) anunció hoy que en la próxima asamblea general de estudiantes, que se llevará a cabo el miércoles de esta semana, propondrá un paro en contra de las medidas de privatización del gobierno de Alejandro García Padilla y exigiendo que se restituyan los cuatro compañeros expulsados durante los procesos huelgarios del 2010-2011. Sigue leyendo

Debate urgente por una matrícula justa

IMG_1958Francisco Fortuño (UJS-MST)

Es importante que el debate posible se dé en la práctica. Las expresiones del presidente del Senado en cuanto al estudio de la posibilidad de instituir en la Universidad de Puerto Rico un sistema de matrícula ajustado a los ingresos son un pie forzado para discutir una propuesta seria y radical. Claro está, son también un llamado a mantener la guardia: demasiadas oportunidades para progresar en los debates cruciales en torno a los problemas reales de Puerto Rico mueren en el empantanamiento de la politiquería. El llamado debe de ser a que se pongan las acciones donde está la palabra: la Universidad debe de entrar en el debate y tomar en serio la posibilidad de establecer un sistema de matrícula más justo. El primer paso sería la creación de un comité, organizado por y a partir de los recursos de la propia comunidad universitaria, para estudiar la propuesta y su posible implementación.

Es imprescindible clarificar a lo que nos referimos cuando hablamos de una matrícula ajustada a los ingresos familiares. En realidad, de lo que hablamos, es de un sistema de matrícula con un sentido de justicia, que reconozca la existencia de las diferencias de clase y las atienda. El problema de fondo que trae la propuesta de una matrícula ajustada no es otro que el de la desigualdad social: la realidad de que la inmensa mayoría de la población de Puerto Rico no disfruta ni remotamente de las mismas condiciones que la mínima minoría en la cúspide.

Cabe señalar que, aunque compartimos la propuesta final, el argumento presentado por el presidente del Senado parte de un supuesto erróneo. El Senador comienza “reconociendo” que el costo del crédito en la UPR es muy barato, cuando la realidad es muy distinta. Ciertamente, comparado con el costo absoluto de las universidades en Estados Unidos, el crédito en la UPR parecería baratísimo. Sin embargo, lo que se debe de hacer es compararlo con la realidad social de nuestro país, que es muy distinta a la de EE.UU. Sigue leyendo

¡El estudiantado en lucha venció y vencerá!

Tesis Radical, febrero 2013

Teresa Córdova Rodríguez (UJS-MST Río Piedras)

Fue en febrero de 2011 cuando se recesaron los procesos huelgarios que habían comenzado el año anterior. En abril, la huelga por las exenciones de matrícula había comenzado y luego de 62 días, la victoria fue obtenida. En diciembre comenzó otro proceso más cuesta arriba y quizás más urgente, pero seguramente más violento. La victoria de esta segunda etapa comenzó desde el primer día, el día en el que el estudiantado decidió lanzarse en aguas desconocidas de una huelga de portones abiertos y confrontación abierta. El reclamo principal, eso sí, se consiguió recientemente, a fines de enero del 2013, y no fue sino un resultado de un proceso arduo que no culminó en aquella asamblea que levantó la huelga.

Con sendas huelgas, el país se estremeció. Las imágenes de los macanazos, de los gases lacrimógenos, de los arrestos, calaron hondo en la conciencia colectiva. Eso le costó políticamente a Luis Fortuño, gobernador durante los últimos cuatro años, muchísimos votos que fueron aprovechados por García Padilla, cuando utilizó en su campaña a la disputada cuota de $800 como el granito de arena que inclinaría la balanza hacia su lado.

Interesantemente, la cuota no fue eliminada por el PPD, sino por la misma Junta de Síndicos (JS) que la impuso, en una movida astuta para impedir la justificación de una enmienda a la Ley Universitaria que alteraría la composición de dicho cuerpo directivo. La JS, compuesta en su mayoría por personas afiliadas al PNP, ha asegurado un poco más su existencia con la derogación de la cuota. La misma junta que estableció la cuota hoy la quita, demostrando que esa autonomía universitaria de la cual hablan no es y nunca ha sido aplicable a ellos.  De hecho, que nunca ha existido.

La eliminación de la cuota, dos años después, hubiese sido inconcebible sin los procesos que la antecedieron.  Sin las huelgas, la cuota no sería objeto de debate público ni motivo de promesas políticas.  Ésa es la victoria que celebramos hoy. Celebramos también que vendrán muchas más que están estrechamente ligadas a la suspensión de la cuota: la restitución de los compañeros expulsados por defender la Universidad es una de ellas. La permanencia de la Beca Schatz también. Ésta fue una victoria del proceso huelgario, pues sin éste habría cuota sin beca.

Finalmente, aunque la victoria es clara, sabemos que sólo con un cúmulo de ellas podremos triunfar realmente. Falta mucho por hacer en la Universidad, muchísimo.  Así como falta muchísimo por hacer para construir una sociedad más justa y solidaria. Sin embargo, al igual que en la UPR, aquellas y aquellos que se levantan para construir un proyecto nuevo serán los y las que vencerán. La UPR será para y por la clase trabajadora, porque ésta será quien la construirá. Es por esto que lucharemos para garantizar que la clase pobre y trabajadora pueda entrar a la Universidad: para construir, desde cada rincón y esquina, una sociedad por y para las trabajadoras y los trabajadores. ¡Venceremos!